Guerra y Paz
Guerra y Paz —Padre, padre, no peques, tienes un hijo— empezó a decir, y de pálida pasó a estar súbitamente roja. —Padre, ¿qué has dicho? ¡Perdónalo, Señor!— y dirigiéndose a la princesa MarÃa prosiguió: —¿Qué es eso, madrecita?
Se habÃa levantado y casi entre sollozos se dispuso a cargar con su mochila. DebÃa de ser para ella un motivo de vergüenza recibir favores en una casa donde se podÃan decir semejantes palabras; pero también le pesaba tener que privarse de ellos en adelante.
—¡Vaya diversión que han encontrado! ¿Por qué han venido aquÃ?— dijo la princesa MarÃa.
Pierre se adelantó hacia la vieja:
—Era una broma, Pelágueiushka…— dijo. —Princesse, ma parole, je n'ai pas voulu l'offenser.[281] Era una broma; no lo tomes a mal— añadió, sonriendo tÃmidamente y con el deseo de reparar su culpa. —Te aseguro que sólo era una broma.
Pelágueiushka se detuvo desconfiada; pero en el rostro de Pierre habÃa un arrepentimiento tan sincero y el prÃncipe Andréi miraba tan tÃmidamente, ya a la vieja, ya a Pierre, que poco a poco se calmó.