Guerra y Paz
Guerra y Paz Pero Rostov no lo escuchaba.
—Nosotros no somos funcionarios diplomáticos. Somos soldados y nada más— prosiguió. —Si nos dan la orden de morir, hay que morir; y si nos castigan es porque somos culpables. No nos toca juzgar. Si al Emperador le place reconocer a Bonaparte como emperador y firmar con él una alianza, es que asà debe ser. ¡Pero si nos metemos a discutir y a razonar, nada será sagrado para nosotros! Por ese camino llegaremos a la negación de Dios, a negarlo todo— gritaba Rostov, golpeando la mesa con el puño sin venir a cuento, según creÃan sus compañeros, pero muy lógicamente dentro de la trayectoria de sus propios pensamientos. —Nuestra misión es cumplir con nuestro deber y no pensar: eso es todo.
—Y beber— replicó uno de los oficiales, que no deseaba meterse en querellas.
—SÃ, y beber— confirmó Nikolái. —¡Eh, tú! ¡Otra botella!— gritó.