Guerra y Paz
Guerra y Paz Esperando la notificación de su nombramiento de vocal del Comité, el príncipe Andréi renovó antiguas amistades, especialmente entre personas que él sabía bien situadas y que podían serle útiles. Experimentaba ahora en San Petersburgo un sentimiento semejante al que conocía en vísperas de una batalla, cuando una inquieta curiosidad lo arrastraba inconteniblemente hacia las altas esferas donde se fraguaba el porvenir del que dependía la suerte de millones de seres.
Por la irritación de los viejos y la curiosidad de los profanos, por la reserva de los iniciados y las prisas y la preocupación de todos, por el incalculable número de comités y comisiones de cuya existencia se enteraba cada día, se daba cuenta de que ahora, en 1809, se preparaba en San Petersburgo una gigantesca batalla civil. No conocía a su comandante en jefe, persona misteriosa a quien se imaginaba como un ser genial: Speranski. La obra de las reformas, que conocía muy vagamente, y la personalidad del reformador, Speranski, lo interesaron tan apasionadamente que muy pronto la revisión del reglamento militar pasó para él a segundo término.