La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Así pasaron dos semanas, en cuyo transcurso se produjo ese acontecimiento tan deseado por Iván Ilich y su mujer: Petríschev pidió formalmente la mano de su hija. Sucedió por la tarde. Al día siguiente Praskovia Fiódorovna entró en la habitación de su marido sin saber muy bien cómo anunciarle que Fiódor Petróvich se había declarado, pero esa misma noche Iván Ilich había sufrido un nuevo empeoramiento. Praskovia Fiódorovna se lo encontró en el sofá de siempre, pero en una postura distinta. Estaba echado de espaldas, gemía y miraba al frente con ojos inmóviles.
Ella empezó a hablar de medicinas, pero él entonces se quedó mirándola y Praskovia Fiódorovna dejó la frase a la mitad, tan grande era la rabia hacia ella que se reflejaba en esos ojos.
—Por el amor de Dios, déjame morir en paz —dijo.
Ella hizo intención de retirarse, pero en ese momento entró la hija y se acercó para darle los buenos días. Iván Ilich la miró igual que a su mujer, y a las preguntas sobre su salud respondió secamente que pronto los liberaría a todos de su presencia. Las dos mujeres guardaron silencio, se quedaron un rato en su compañía y luego se marcharon.
—¿Es que tenemos nosotras la culpa? —preguntó Liza a su madre—. ¡Parece que le hemos hecho algo! Me da pena de papá, pero ¿por qué nos atormenta?
