La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich —Y qué, amigo Guerásim —preguntó Piotr Ivánovich, por decir algo—, ¿estás muy triste?
—Es la voluntad de Dios. También nos tocará a nosotros —respondió Guerásim, dejando al descubierto sus dientes blancos y regulares de mujik, y, con el aire de un hombre agobiado de trabajo, se apresuró a abrir la puerta, llamó al cochero, ayudó a subir a Piotr Ivánovich y retrocedió de un brinco hasta el portal, donde pareció quedarse pensando qué más podÃa hacer.
Después del olor del incienso, del cadáver y del ácido fénico, Piotr Ivánovich aspiró con especial fruición el aire puro.
—¿Adónde ordena el señor? —le preguntó el cochero.
—No es tarde. Pasaré un ratito por casa de Fiódor VasÃlievich.
Una vez llegó, encontró a sus amigos al final de la primera partida de rubber, asà que no tuvo ningún problema para unirse a ellos como quinto jugador.