La Muerte de Ivan Ilich

La Muerte de Ivan Ilich

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Muy pronto, al cabo de un año de matrimonio, Iván Ilich comprendió que la vida conyugal, aunque comportaba ciertas ventajas, era en realidad muy complicada y penosa, y que por tanto, para cumplir con su deber, es decir, para llevar una vida decorosa, aprobada por la sociedad, había que trazar un plan bien definido, lo mismo que en el trabajo. Y a ello se aplicó. De la vida familiar solo exigía las satisfacciones que podía ofrecerle —una mesa puesta, un ama de casa, un lecho—, y, sobre todo, ese respeto por las formas exteriores sancionadas por la opinión pública. En cuanto a lo demás, buscaba placer y alegría, y se sentía muy agradecido si los encontraba. Si se topaba con resistencias y malas caras, se refugiaba inmediatamente en el mundo del trabajo, que había protegido y preservado de los demás, y en él encontraba motivos de satisfacción.

A Iván Ilich se le consideraba un buen funcionario, y al cabo de tres años lo nombraron sustituto del fiscal. Las nuevas obligaciones, la importancia del cargo, la posibilidad de llevar a juicio y de meter en la cárcel a quien se le antojara, la notoriedad que alcanzaron sus intervenciones y los éxitos que cosechó con ellas contribuyeron a que se sintiera cada vez más atraído por su labor.



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