La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich —Los médicos no han sido capaces de determinarlo. Quiero decir que ofrecieron diagnósticos diferentes. Cuando lo vi por última vez, tuve la impresión de que se estaba restableciendo.
—Pues yo no he ido por su casa desde las fiestas. Siempre lo dejaba para el dÃa siguiente.
—¿Y qué, tenÃa bienes?
—Creo que su mujer disponÃa de algún dinero, pero no mucho.
—Pues habrá que pasar por allÃ. Y viven lejÃsimos.
—Será de donde vive usted. Pero de su casa todo queda lejos.
—Por lo visto no puede perdonarme que viva al otro lado del rÃo —exclamó Piotr Ivánovich con una sonrisa, dirigiéndose a Shébek.
Charlaron un rato sobre las grandes distancias que habÃa que atravesar para ir de un lado a otro de la ciudad y después volvieron a la sala.
Más allá de los barruntos sobre los traslados y posibles promociones que de esa muerte podrÃan derivarse, el deceso de un conocido cercano no suscitó en ninguno de ellos, como suele ser el caso, más que un sentimiento de alegrÃa, pues habÃa sido otro quien habÃa pasado a mejor vida.
