La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Luego se le ocurrió trasladar ese établissement con los álbumes a otro rincón, cerca de las flores. Llamó al criado, y al poco rato acudieron también su mujer y su hija para ayudarle. Pero no se mostraron de acuerdo, le llevaron la contraria y él entonces se puso a discutir y se enfadó; no obstante, todo eso estaba bien porque le permitía olvidarse de ella, no verla.
Pero de pronto, en el momento en que estaba cambiando de sitio los objetos, su mujer le dijo: «Déjalo, ya se encargarán los criados. No vayas a hacerte daño otra vez», y entonces ella relampagueó detrás de las pantallas y él la vio. Como no fue más que un relámpago, Iván Ilich albergó la esperanza de que desapareciera, pero involuntariamente concentró toda su atención en el costado: el mismo dolor, lo mismo de siempre. Y entonces ya no fue capaz de olvidar, mucho menos cuando ella estaba allí y le miraba sin ningún pudor desde detrás de las flores. ¿Para qué todo eso?
«Lo cierto es que aquí, al pie de esta cortina, como en un asalto, perdí la vida. ¿Será posible? ¡Qué terrible y qué estúpido! ¡No puede ser! No puede ser, pero es».
Pasó a su estudio, se tumbó y se quedó de nuevo a solas con ella. Con ella, cara a cara, y con ella no se podía hacer nada. Solo mirarla y dejar que la sangre se le helara en las venas.