La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich La mujer regresó a altas horas de la noche. Entró de puntillas, pero él la sintió: abrió los ojos, pero se apresuró a cerrarlos de nuevo. Praskovia Fiódorovna ordenó a Guerásim que se marchara para quedarse a solas con su marido, pero este abrió los ojos y dijo:
—No. Vete.
—¿Sufres mucho?
—Da lo mismo.
—Toma un poco de opio.
Iván Ilich aceptó tomarse la medicina. Praskovia Fiódorovna salió.

Hasta las tres más o menos estuvo sumido en un estado de doloroso sopor. Tenía la impresión de que alguien quisiera meterlo sin contemplaciones en un saco estrecho, negro y profundo, que lo empujaban una y otra vez, pero no conseguían que pasara por el agujero. Y esa operación, tan terrible para él, le acarreaba un enorme sufrimiento. Presa del miedo, se debatía, colaboraba, hacía lo posible por vencer ese obstáculo. De pronto se precipitaba dentro y caía. En ese preciso instante se despertó. Guerásim seguía sentado al pie del lecho y dormitaba, libre de preocupaciones y cuidados. Él estaba echado, con las piernas descarnadas, embutidas en las medias, apoyadas en los hombros del criado. La misma vela con la pantalla y el mismo dolor ininterrumpido.
