La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich —¿Qué es lo que quieres? —Fue la primera noción clara, capaz de expresarse en palabras, que oyó—. ¿Qué es lo que necesitas? ¿Qué es lo que necesitas? —se repitió—. ¿Qué? No sufrir. Vivir —respondió.
Y de nuevo se sumió en tal estado de concentración que ni siquiera el dolor consiguió distraerle.
—¿Vivir? Pero ¿cómo? —preguntó la voz de su alma.
—SÃ, vivir como he vivido antes: de un modo agradable y placentero.
—¿Y es que antes vivÃas de un modo agradable y placentero? —preguntó la voz.
E Iván Ilich se puso a repasar con la imaginación los mejores momentos de su placentera vida. Pero, por extraño que pueda parecer, tales momentos se le antojaban ahora completamente distintos de lo que habÃa juzgado hasta entonces. Todos, salvo los primeros recuerdos de infancia. En esa época sà que habÃa habido algo realmente agradable, algo con lo que habrÃa sido posible vivir si hubiera regresado a ella. Pero el hombre que habÃa vivido esos momentos agradables ya no existÃa: era como el recuerdo de otra persona.