Resurrección
Resurrección Al despertarse a la mañana siguiente, Nejliúdov experimentó la sensación de que le había ocurrido algo. Incluso antes de recordarlo sabía que se trataba de algo importante y bueno. «Katiusha, el Tribunal.» Sí, era preciso dejar de mentir y decir toda la verdad. Y como una extraña coincidencia, esa misma mañana llegó la esperada carta de María Vasílievna, la mujer del mariscal de la nobleza, la contestación que necesitaba de manera especial. Le devolvía la libertad, y le deseaba felicidad para su supuesto matrimonio.
—¡El matrimonio! —pronunció con ironía—. ¡Qué lejos estoy ahora de eso!
Recordó la decisión de la víspera de contarle todo al marido, arrepentirse ante él y decirle que estaba dispuesto a ofrecerle la satisfacción que quisiera. Pero ahora ya no le pareció tan fácil como ayer. «Además ¿para qué hacer desgraciado a ese hombre si no lo sabe? Si me preguntase, entonces sí se lo diría. Pero ¿ir adrede a contárselo? No, eso no hace falta.»
Ahora, por la mañana, le pareció igual de difícil decirle toda la verdad a Missy. Otra vez resultaba imposible empezar a hablar, porque resultaría ofensivo. Era inevitable en este caso, como sucede en otros muchos órdenes de la vida, que quedara algo por sobrentender. Decidió una cosa aquella misma mañana: no ir más a casa de los Korchaguin y si le preguntasen, decir la verdad.
