Resurrección
Resurrección La distancia entre la cárcel preventiva y la antigua prisión desde donde deportaban era enorme, y Nejliúdov llegó al anochecer. Cuando se disponía a entrar en aquel enorme y sombrío edificio, el centinela le detuvo y se limitó a tocar el timbre. Salió un guardián, Nejliúdov le mostró el pase, pero el guardián dijo que no podía dejarle pasar sin el visto bueno del director. Nejliúdov fue a ver al director. Mientras subía las escaleras, oyó tras de la puerta los sonidos de un piano. Tocaban una pieza complicada y briosa. Cuando abrió la puerta una criada de aspecto desagradable, con un ojo vendado, los sonidos se escaparon de la habitación y le hirieron el oído. Era una rapsodia, muy conocida, de Liszt, magníficamente interpretada, pero sólo llegaba a un pasaje. Al llegar a él volvía a empezar, para detenerse de nuevo en el mismo sitio. Nejliúdov preguntó a la criada de la venda si estaba en casa el director.
La criada le dijo que no.
—¿Volverá pronto?
La rapsodia se interrumpió de nuevo y otra vez llegó hasta el lugar hechizado.
—Voy a preguntar.
La pieza volvió a sonar, cuando de pronto, sin llegar al lugar hechizado, se interrumpió, y se oyó una voz.