Resurrección
Resurrección A ninguno de los presentes, empezando por el sacerdote y el director y terminando por Máslova, se le habÃa ocurrido que ese mismo Jesús, cuyo nombre pronunciado con un silbido fue repetido una infinidad de veces y alabado con toda clase de palabras extrañas, habÃa prohibido precisamente todo lo que se estaba haciendo aquÃ. No sólo prohibió tan absurda locuacidad y brujerÃas sacrilegas con el pan y el vino, sino que de la forma más concreta habÃa prohibido que unos hombres llamaran maestros a otros hombres; prohibió las oraciones en las iglesias, y pidió que cada uno rezara aisladamente; suprimió los templos, diciendo que habÃa venido a destruirlos, y se debÃa rezar no en éstos, sino en espÃritu y verdad; sobre todo, no sólo condenó juzgar a los hombres y tenerlos encarcelados, atormentarlos, humillarlos y castigarlos —como se hacÃa aqu×, sino que impidió que se ejerciera cualquier violencia sobre los hombres, diciendo que habÃa venido para liberar a los presos.
