Resurrección
Resurrección —¿Puedo mirar? —preguntó Nejliúdov.
—Sí, como guste —respondió el subdirector con una sonrisa simpática, y le preguntó algo al carcelero. Nejliúdov echó un vistazo por una de las mirillas: allí, un joven alto, en paños menores, con una pequeña barba negra, paseaba apresuradamente de arriba abajo; al oír ruido en la puerta se volvió a mirar, frunció el ceño y siguió andando.
