Resurrección
Resurrección También había una carta del administrador de sus bienes. Le decía que era imprescindible su presencia para legalizar los derechos de heredero y decidir cómo debían administrarse las fincas. Necesitaba saber si la administración debía continuar como en tiempos de la difunta princesa o si, como ya había propuesto ella, era preciso aumentar la maquinaria y cultivar las tierras en manos de los campesinos. El administrador aseguraba que de este modo la explotación resultaría mucho más ventajosa. Al mismo tiempo se disculpaba por haber retrasado el envío de los tres mil rublos que tenía que haberle mandado a primeros de mes. Se los enviaría en el próximo correo. Se debía este retraso a tal despreocupación de los campesinos que había sido necesario recurrir a la fuerza para cobrar. A Nejliúdov esta carta le resultó a la vez agradable y desagradable. Le agradaba ser dueño de una gran fortuna, y le desagradaba porque en su juventud había sido partidario entusiasta de Herbert Spencer y le habían impresionado sus teorías, expuestas en Social Statics, acerca de que la justicia no admite la propiedad individual sobre las tierras. Con la rectitud y la decisión propias de la juventud, no sólo había propagado que la tierra no puede ser propiedad individual y no sólo escribía en la universidad artículos sobre esto, sino que en realidad cedió a los campesinos una pequeña parte —que no eran de su madre sino que había heredado directamente de su padre—, no queriendo vivir en contra de sus principios como propietario de tierras. Ahora que por herencia se había convertido en un gran propietario, tenía que elegir entre dos cosas: renunciar a sus dominios, como había hecho diez años antes con las doscientas desiátinas[7] de tierra de su padre, o reconocer tácitamente como erróneas y falsas todas sus antiguas ideas.