Resurrección

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XIII

Con el corazón en un puño y aterrado ante la idea de cómo iba a encontrar ahora a Máslova, y ante el misterio que encerraban tanto ella como las demás gentes reunidas en presidio, Nejliúdov llamó a la puerta principal y preguntó al carcelero que le salió a abrir por Máslova. El carcelero se informó, y dijo que se encontraba en la enfermería. El vigilante de la enfermería, un viejecito bondadoso, le dejó entrar, y al enterarse de a quién deseaba ver, le acompañó a la sección infantil.

Un joven médico, impregnado de olor a ácido carbónico, salió al pasillo al encuentro de Nejliúdov y le preguntó severamente qué deseaba. Este médico hacía toda clase de concesiones a los reclusos y por este motivo tenía constantemente choques desagradables con la superioridad e incluso con el médico jefe. Temiendo que Nejliúdov le pidiera algo que estara fuera del reglamento, y además queriendo demostrar que no hacía excepciones con ningún personaje, se mostró enfadado.

—Aquí no hay mujeres, es la sala infantil —dijo.

—Lo sé, pero está aquí, trasladada de la prisión, una reclusa como enfermera.

—Sí, hay dos. ¿Y qué es lo que quiere?


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