Resurrección

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Lo que sí comprendió Nejliúdov es que, a pesar de que Wolf le había demostrado la víspera con mucha persuasión que el Tribunal Supremo no puede estudiar las cosas en su esencia, informaba en este caso con especial interés por la casación del fallo, y que Selenin —completamente en desacuerdo con su carácter moderado— expresó de pronto con gran calor su opinión opuesta.

El acaloramiento del siempre moderado Selenin se debía a que conocía al presidente de la sociedad de accionistas como un hombre sucio en cuestión de dinero y, sin embargo, se enteró casualmente de que Wolf, casi la víspera de que se celebrara la vista, había estado invitado por ese individuo a una cena fabulosa. Ahora, cuando Wolf, aunque con mucho cuidado, pero de forma claramente parcial, expuso el caso, Selenin se alteró y con demasiados nervios para un asunto corriente expuso su opinión. Su discurso indudablemente ofendió a Wolf. enrojecía, hacía muecas de sorpresa, y con un aire muy digno y ofendido se marchó con los demás magistrados a la sala de deliberaciones.

—En realidad, ¿cuál es la causa por la que se interesa? —preguntó otra vez el ujier a Fanarin, tan pronto como se marcharon los magistrados.

—Ya le dicho que el asunto de Máslova —respondió Fanarin.

—Así es. La causa se verá ahora. Pero…

—Pero ¿qué? —preguntó el abogado.


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