Resurrección
Resurrección —Bueno, madrecita, como se te ocurra organizar lÃos aquÃ, te echaré. ¿Qué ha pasado? —se dirigió al practicante, mirándole severamente por encima de los lentes.
El practicante, sonriendo, empezó a justificarse. El médico, sin escuchar hasta el final, levantó tanto la cabeza que ya le miraba a través de los lentes, y pasó a las salas. Aquel mismo dÃa le dijo al director que mandaran en sustitución de Máslova una mujer más seria. Solamente en esto consistÃa el asunto de Máslova con el practicante. El que la hubiesen echado de la enfermerÃa con el pretexto de que se habÃa liado con el practicante, a Máslova le resultó especialmente doloroso. Después de su encuentro con Nejliúdov, las relaciones con los hombres se le habÃan hecho más repulsivas de lo que le resultaban desde hacÃa tiempo. El hecho de que por su pasado y por su situación actual todo hombre y, por supuesto, el practicante de la cara cubierta de manchas rojas, se considerara con derecho a ofenderla y se asombrara al ser rechazado, le resultaba terriblemente humillante, y le hacÃa compadecerse de sà misma y llorar. Ahora, al encontrarse con Nejliúdov, querÃa justificarse ante él de la acusación injusta, que seguramente habÃa oÃdo. Pero al empezar a justificarse comprendió que no la creerÃa, que su justificación sólo confirmarÃa su sospecha; las lágrimas se le agolparon en la garganta, y se calló.