Resurrección
Resurrección Al recoger sus objetos y papeles, Nejliúdov ojeó su Diario, y releyó algunos párrafos y entre ellos los que había escrito últimamente. Lo último antes de su marcha a San Petersburgo, decía: «Katiusha no quiere mi sacrificio, sino el suyo. Ella ha vencido, y yo también. Me alegra la transformación interior que se está realizando en ella. No me atrevo a creerlo, pero me parece que comienza a revivir». Inmediatamente después, decía: «He vivido algo muy penoso y alegre al mismo tiempo. Me he enterado de que se ha portado bien en la enfermería. Y de pronto me invadió un dolor terrible. Tan terrible como no lo esperaba. Le hablé con repugnancia y odio, y luego, de pronto, me acordé de mí mismo, de que muchas veces y ahora mismo era culpable, aunque sólo fuese en el pensamiento. Al propio tiempo sentí asco de mí y lástima de ella y experimenté un gran bienestar. ¡Ojalá siempre podamos ver a tiempo la viga en nuestro propio ojo!; seríamos mucho mejores». En aquellos momentos, escribió: «He ido a ver a Natasha, y precisamente por sentirme satisfecho de mí mismo he estado desagradable y malicioso y me ha quedado una sensación triste. Bueno, ¿qué hacer? Desde mañana empiezo una vida nueva. Adiós para siempre a la vieja. Se me han acumulado muchas sensaciones, pero todavía no he logrado unificarlas».