Resurrección
Resurrección —No puede acercarse al convoy, señor, está prohibido.
Al aproximarse y reconocer a Nejliúdov —en la prisión todos conocÃan ya a Nejliúdov— se llevó la mano a la visera y, deteniéndose a su lado, dijo:
—Ahora no se puede. En la estación podrá hablar, aquà no está permitido. ¡No os detengáis! ¡En marcha! —gritó a los presos y, animándose a pesar del calor, corrió de nuevo a su puesto moviendo rápidamente los pies, calzados con botas nuevas y elegantes.