Resurrección
Resurrección Una vez que los conoció de cerca, Nejliúdov se convenció de que no eran unos malhechores terribles, como los imaginaban unos, ni tampoco héroes perfectos, como los consideraban otros. Eran personas normales entre las que habÃa —como en todas partes— buenos, malos y regulares. Algunos se convirtieron en revolucionarios porque se consideraban sinceramente obligados a luchar contra el mal existente, pero otros eligieron esta actividad por motivos egoÃstas y ambiciosos. La mayorÃa se dejaba arrastrar hacia la revolución por el deseo —conocido por Nejliúdov en la época de guerra— del peligro, del riesgo, el placer de jugar con su propia vida, cosa propia de la energÃa de la juventud. La diferencia entre los revolucionarios y la gente corriente —a favor de los primeros— consistÃa en que sus exigencias morales eran más elevadas que las de los segundos. Entre ellos se consideraba no sólo una obligación llevar una vida austera, ser ascetas, veraces y desinteresados, sino estar dispuestos a sacrificarlo todo, incluso la propia vida, en favor del bien común.