Resurrección

Resurrección

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Pero no puede ser», continuaba diciéndose Nejliúdov, y, sin embargo, ya no cabía ninguna duda de que era ella. Aquella misma muchachita de la que en un tiempo estuviera enamorado —precisamente enamorado— y que más tarde sedujo en un momento de locura y había abandonado, y que después no había recordado nunca. Porque ese recuerdo era demasiado penoso, y le acusaba claramente y demostraba que él, tan orgulloso de su rectitud, se había portado con esa mujer no sólo mal, sino como un canalla.

Sí, era ella. Ahora veía claramente esa particularidad misteriosa y exclusiva que existe en cada rostro y lo diferencia de otro, lo hace peculiar, único, sin repetición. A pesar de su palidez inverosímil, esa peculiaridad se notaba en sus facciones: en los labios, en los ojos ligeramente bizcos y, sobre todo, en la mirada ingenua y risueña y en la expresión sumisa que emanaba no sólo de su rostro, sino de toda su persona.

—Eso es lo que tenía usted que haber dicho —otra vez con mucha amabilidad dijo el presidente—. ¿Su patronímico?

—Soy… hija natural —dijo Máslova.

—Diga el nombre de su padrino.

—Mijailov.

«¿Qué ha podido hacer?», seguía pensando entre tanto Nejliúdov y respirando con dificultad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker