Resurrección
Resurrección Cuando dejaron atrás la sala de los solteros, el acompañante de Nejliúdov le dijo que vendría a buscarle antes de que hicieran el recuento, y se volvió. Apenas se había retirado el suboficial, cuando se precipitó hacia Nejliúdov un preso. Venía descalzo, con pasos rápidos y sujetando las cadenas. Se acercó tanto que se notaba el olor pesado y agrio del sudor, y le dijo con un susurro misterioso:
—Haga algo, señor. Han metido al chico en un lío. Le han emborrachado. Al pasar lista dijo que se llamaba Karmánov. Interceda, por favor, nosotros no podemos. Nos mataría —aseguró el preso; se volvió a mirar inquieto y enseguida se separó de Nejliúdov.
Se trataba de un condenado a trabajos forzados, llamado Karmánov, había convenido con un joven, que se le parecía mucho y que iba a ser deportado, que se hiciera pasar por él. Así él iría al destierro y el joven a trabajos forzados, a ocupar su lugar.
Nejliúdov ya conocía el asunto, hacía una semana que ese mismo preso se lo había contado. Hizo una seña con la cabeza para dar a entender que lo había comprendido y que haría lo que pudiera, y siguió adelante.
