Resurrección
Resurrección Cuando Nejliúdov volvió detrás de Katia a la sala de hombres, estaban muy emocionados. Nabátov, que siempre se metía en todas partes, entraba en relación con todo el mundo y era un gran observador, trajo una noticia que les sorprendió. Consistía en que había encontrado en la pared una inscripción hecha por el revolucionario Petlin, condenado a trabajos forzados. Todos creían que estaba en Kara desde hacía tiempo, cuando se enteraron de que había pasado hacía poco por ese camino él solo con los presos comunes.
«El 17 de agosto —decía la inscripción— me han enviado solo con los presos comunes. Neviérov estaba conmigo, y se ahorcó en Kazán, en un manicomio. Estoy sano y animado. Espero que todo vaya bien.»
Todos comentaban la situación de Petlin y los motivos de suicidio de Neviérov. Kryltsov callaba, mirando ante sí con expresión reconcentrada y ojos brillantes.
—Mi marido me dijo que Neviérov vio visiones cuando todavía estaba en la Fortaleza de Pedro y Pablo.
—Sí, era poeta, fantaseador, esa gente no aguanta la soledad —explicó Novodvorov—. Cuando me recluían en una celda no permitía que trabajase mi imaginación, y distribuía mi tiempo de la forma más sistemática. Por eso lo soportaba siempre bien.
