Resurrección
Resurrección La oficina de correos era una habitación de techo bajo y abovedado. Detrás del mostrador estaban sentados los funcionarios y repartían cartas al público que estaba agrupado. Uno de los funcionarios, con la cabeza inclinada a un lado, golpeaba sin cesar con el sello los sobres que otro le pasaba hábilmente. A Nejliúdov no le hicieron esperar mucho, y al conocer su apellido inmediatamente le entregaron su correspondencia, bastante numerosa. Venía dinero, cartas y libros, y el último número del Diario de la Patria.[109] Al recibirlo, Nejliúdov se dirigió hacia el banco de madera, en el que estaba un soldado con un libro, esperando algo, y se sentó a su lado. Revisó las cartas recibidas. Entre éstas venía una certificada, con magnífico sobre y un sello de lacre muy vistoso. Nejliúdov la abrió, y al ver la letra de Selenin y un documento oficial, sintió que la sangre se agolpaba en el rostro y se le oprimía el corazón. Era la decisión sobre el asunto de Katiusha. ¿Cuál era la decisión? ¿Acaso la negativa? Nejliúdov recorrió rápidamente lo escrito con letra menuda, dura y retorcida, difícil de descifrar. Y dio un suspiro de alivio. El folio era favorable.