Resurrección
Resurrección Finalizada la lectura del acta de acusación, el presidente consultó con los jueces, y se volvió hacia Kartinkin, con una expresión de que ahora se enteraría de todo, detalladamente.
—Campesino Simón Kartinkin —empezó diciendo, inclinándose a la izquierda.
Simón Kartinkin se levantó, colocó los brazos en posición de firme y sacó el cuerpo hacia delante, sin dejar de mover silenciosamente las mejillas.
—Se le acusa de haber robado el 17 de enero de 188…, en complicidad con Efimia Bochkova y Katerina Máslova, una cantidad de dinero de la maleta del comerciante Smelkov y haber entregado después arsénico a Katerina Máslova, aconsejándole que lo echara en el coñac, lo cual le produjo la muerte. ¿Se reconoce culpable? —terminó, inclinando la cabeza a la derecha.
—Eso es imposible, porque mi deber era servir a los huéspedes…
—Ya lo dirá después. ¿Se reconoce usted culpable?
—De ningún modo, no. Sólo he…
—Podrá decirlo más tarde. ¿Se reconoce usted culpable? —repitió el presidente, tranquilamente, pero con firmeza.
—Yo no he podido hacer eso, porque…
El ujier se acercó, corriendo de nuevo, a Kartinkin y le hizo callar con un susurro trágico.