Resurrección
Resurrección Pero no sólo reconocÃa y creÃa que al cumplirse estos preceptos los hombres podrÃan alcanzar el más alto grado de felicidad, sino que ningún hombre tenÃa que hacer otra cosa más que cumplir estos preceptos, que en eso está el único sentido de la vida humana, y el apartarse de esto era una equivocación que arrastraba consigo el castigo. Esta conclusión se desprendÃa de todo el libro, pero con especial claridad de la parábola de los vendimiadores. Los vendimiadores habÃan imaginado que el huerto que les habÃan mandado cultivar para el amo era de su propiedad; que cuanto habÃa en el huerto era para ellos y que no tenÃan más obligación que gozar de la vida, olvidando al dueño y matando a quienes les recordaban su existencia y los deberes que tenÃan para con él.
«Lo mismo hacemos nosotros —pensaba Nejliúdov— viviendo en una creencia absurda, que somos los amos de nuestra vida, y que nos ha sido dada para nuestro placer. Esto es claramente absurdo. Si hemos sido mandados aquà ha sido por voluntad de alguien y para algo. Pero hemos decidido que vivimos sólo para nuestro placer, y por eso nos encontramos a disgusto, como trabajadores que no cumplen la voluntad del amo. Su voluntad está expresada en esos preceptos. Sólo cumpliéndolos y estableciendo en la tierra el reino de los cielos, los hombres alcanzarÃan la mayor felicidad que se puede alcanzar.