La Bastarda
La Bastarda Su crimen: querer saber quién es su padre. Pero en el mundo de los adultos fang, esa pregunta es una traición. Las reglas son simples: su padre es el hermano de su madre. Punto. No hay más verdad que la que dictan los ancestros.
Okomo vive en una casa donde el miedo es un habitante más. Hay peleas a machetazos entre las esposas de su abuelo, gritos en la noche, y un olor persistente a tierra húmeda, sudor y resignación. Ella es solo una sombra entre muchos nietos, ignorada hasta que alguien necesita algo. Su abuela la protege en silencio, pero no se atreve a desafiar a Osá. Nadie lo hace. Nadie, excepto Marcelo.
Marcelo, el tío de Okomo, es el paria del clan. Lo llaman el “hombre-mujer”. Vive aislado, fuera de la lógica viril del clan. No ha tenido hijos, no ha cumplido su “deber tribal” de engendrar. Se rumorea que duerme con hombres y que su casa está embrujada. Pero para Okomo, Marcelo es diferente. Es el único que la mira sin desprecio, que le habla con ternura, que le cuenta historias sobre su madre.
