Stalin
Stalin El éxito ininterrumpido de Stalin comenzó en 1923, cuando, poco a poco, fue adquiriendo la convicción de que el proceso histórico puede ser burlado. Los juicios de Moscú constituyen el punto culminante de esta política de impostura y violencia. Al mismo tiempo, Stalin comenzó a sentir con aprensión que el suelo se desmoronaba y deslizaba bajo sus pies. Cada nueva decepción exigía otra doble para sostenerlo; cada acto de violencia ensanchaba el radio de la violencia necesaria para apoyarlo. Allí comenzó un período definitivo de declinación, en el curso del cual el mundo se asombró no tanto de su fuerza, su obstinación y su implacabilidad como la bajeza de sus recursos intelectuales y de sus métodos políticos.
La astucia de Stalin es, en esencia, muy tosca y ajustada a mentes primitivas. Si, por ejemplo, examinamos los juicios de Moscú en conjunto, veremos que asombran por su tosquedad de concepción y ejecución.