Stalin
Stalin A base de los datos disponibles, el curso de los acontecimientos se reconstruye así: Frunze sufría de úlceras gástricas; sus médicos particulares creían que el corazón del paciente no resistiría los efectos del cloroformo, y por eso Frunze se resistía resueltamente a toda intervención. Stalin encargó a un médico del Comité Central, esto es, agente suyo de confianza, que convocase una consulta de selectos, quienes recomendaron que se operase al enfermo; el Politburó confirmó la decisión. Frunze tuvo que someterse, es decir, resignarse a morir por obra de la anestesia. Las circunstancias del fallecimiento de Frunze hallaron deformada reflexión en la literatura [Boris Pilniak, Leyenda de la Luna inextinta]. Stalin hizo confiscar inmediatamente el libro y sometió a su autor al disfavor oficial. [Pilniak] tuvo que arrepentirse en público de su «error» muy humildemente. Stalin juzgó necesario publicar a raíz de aquello varios documentos destinados a probar su inocencia. Es difícil decir cuál sea la verdad, pero la misma índole de la sospecha es significativa. Demuestra que a fines de 1925 el poder de Stalin era ya tan grande que podía confiar en un dócil concilio de médicos armados de cloroformo y bisturí. Y, sin embargo, en aquel tiempo, apenas le conocía el uno por ciento de la población.
Bazhanov escribió con referencia a mi destierro a Turquía, en febrero de 1929: