Stalin
Stalin Algunos corresponsales moscovitas de cierto tipo repiten que la Unión Soviética salió de las «purgas» más monolítica que nunca. Esos señores habían cantado loores al monolitismo stalinista, incluso antes de las depuraciones. Sin embargo, es difícil comprender cómo ninguna persona sensata puede creer que los más conspicuos representantes del Gobierno y del Partido, del Cuerpo diplomático y del Ejército resulten probados agentes del extranjero sin ser a la vez heraldos de un profundo descontento interno hacia el régimen. Las depuraciones fueron una manifestación de grave dolencia. Suprimir los síntomas no significa curar. Tenemos un precedente en el régimen autocrático del Gobierno zarista, que arrestó al ministro de la Guerra, Sujomilnov, acusándole de traición. Los diplomáticos aliados observaron a Sazonov: «Vuestro Gobierno es fuerte, si se atreve a detener a su propio ministro de la Guerra en tiempo de guerra.» En realidad, aquel Gobierno soviético no sólo detuvo y ejecutó al ministro de la Guerra, Tujachevsky, en pleno ejercicio de su cargo, sino que llegó al extremo de exterminar a todo el Estado Mayor Central del Ejército, la Marina y la Aviación. Ayudada por acomodaticios corresponsales extranjeros en Moscú, la máquina de propaganda de Stalin ha estado engañando sistemáticamente a la opinión pública mundial acerca del actual estado de cosas en la Unión Soviética. El Gobierno monolítico stalinista es un mito.