Stalin
Stalin Cuando primero apareció Koba en el horizonte de Bakú, en junio de 1904, la organización socialdemócrata local tenía en su haber un historial de ocho años de actividad revolucionaria. La «Ciudad negra» había intervenido eficazmente en el movimiento obrero durante los años precedentes. La primavera había abatido sobre Bakú una huelga general que desencadenó un alud de huelgas y manifestaciones por todo el sur de Rusia. Vera Zasulitch fue quien primero apreció estos avances al principio de la revolución. Por el carácter más proletario de Bakú, especialmente en comparación con Tiflis, los bolcheviques consiguieron asegurarse allí una posición firme antes que en ningún otro lugar del Cáucaso. El mismo Majaradze, que había usado el vocablo de la jerga de Tiflis, kinto, con referencia a Stalin, dice que en el otoño de 1904 se creó en Bakú, «bajo la dirección inmediata de Soso, una organización especial para trabajo revolucionario entre los atrasados obreros de la industria petrolífera, tártaros, azerbaijanos y persas». Ese testimonio despertaría menos dudas si Majaradze lo hubiera hecho constar en la primera edición de sus Memorias y no diez años después, cuando, bajo el látigo de Beria, volvió a escribir la historia entera de la socialdemocracia caucásica. El proceso de su gradual acercamiento a la «verdad» oficial tuvo su complemento en la proscripción de todas las ediciones anteriores de su obra como engendro del Espíritu Perverso, y su retirada de la circulación.