Stalin
Stalin La cronología de esta manifestación, tan típica de Stalin por su primitivismo psicológico y de estilo, no es únicamente lo erróneo de ella. Koba no llegó al punto de su destierro hasta enero de 1904; por consiguiente, no pudo recibir allí la carta aludida en 1903. Además, no aparece muy claro dónde y precisamente cómo escribió «a uno de sus amigos íntimos» del extranjero, puesto que antes de salir deportado pasó en la cárcel año y medio. Las personas desterradas nunca sabían de antemano adónde se las deportaba; por consiguiente Koba no pudo comunicar previamente su dirección en Siberia a su amigo emigrado, y ciertamente, tampoco hubo tiempo para escribir una carta desde el destierro y recibir respuesta del extranjero en un solo mes que Koba pasó en el destierro. Según la versión del propio Stalin, la carta de Lenin no tenía carácter personal, sino programático. Ejemplares de aquel tipo de carta enviaba invariablemente Krupskaia a diversas direcciones, en tanto que el original se conservaba en los archivos del Partido en el extranjero. Es muy poco probable que en aquella ocasión se hiciera una excepción en obsequio de un joven caucásico desconocido. Pero los archivos no contienen el original de aquella carta, cuya copia Koba quemó «llevado del hábito de un viejo activista clandestino» (por entonces tenía exactamente veinticuatro años). Pero más sorprendente es el hecho de que Stalin nada diga respecto a su respuesta a Lenin. Habiendo recibido una carta del dirigente a quien, según él mismo confiesa, veneraba como a un dios, es de razón que Koba le hubiese contestado en el acto. Sin embargo, nada dice de esto Stalin, y no por casualidad: los archivos de Lenin y Krupskaia no contienen la respuesta de Stalin. Naturalmente, puede haber sido interceptada por la policía; pero en tal caso, la copia se hubiese conservado en los archivos del departamento de policía y reproducido en la Prensa soviética años después. Además, aquellas relaciones no se habrían limitado a una sola carta. Un joven socialdemócrata no hubiera dejado de considerar sumamente precioso para él un contacto permanente con el dirigente de su Partido, con su «águila montañera». En cuanto a Lenin, estimaba muy valioso todo contacto con Rusia, y contestaba meticulosamente todas las cartas. Pero no ha salido a relucir correspondencia alguna entre Lenin y Koba en el curso de estos últimos años. Todo lo que expone mueve a perplejidad, todo, salvo sus propósitos.