Stalin

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El informe de Karpov es el único documento entre los que conocemos que declare explícitamente que durante cierto lapso posterior al cisma, Stalin fue menchevique. El periódico de Tiflis, Zarya Vostoka, que fue lo bastante despreocupado para publicar ese documento en su número de 23 de diciembre de 1925, no pensó en dar explicaciones sobre el mismo, o no estaba en condiciones de darlas. Es seguro que el culpable sería cruelmente castigado por tal desliz. Es muy significativo que ni el mismo Stalin juzgase conveniente refutar tal informe. Ni uno siquiera de los biógrafos e historiadores oficiales del Partido volvió a referirse a documento tan importante, en tanto que se reproducían, repetían y refotografiaban insignificantes trocitos de papel. Supongamos por un instante que la gendarmería de Tiflis, que en todo caso había de ser la mejor informada sobre el particular, hubiera facilitado informes erróneos. Entonces surge la pregunta suplementaria: ¿cómo fue posible un error semejante? Si Koba hubiera sido, en efecto dirigente de los bolcheviques en el Cáucaso, el Departamento de Policía Secreta no habría dejado de saberlo. Sólo era posible cometer un error de tal bulto en materia de caracterización política con referencia a algún neófito verde o alguna figura de tercer orden, pero nunca a propósito de un «dirigente». Así, el único documento que por azar encontró acceso a las prensas, derrumba de un terrible soplo el mito oficial alimentado con tanto esfuerzo. ¡Y cuántos otros documentos semejantes se conservan bien guardados en cámaras refractarias, o bien han sido solícitamente relegados a las llamas!


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