Stalin
Stalin La creación de los Soviets comenzó cinco meses después del tercer Congreso, en el que no había habido sitio para Koba. La iniciativa partió de los mencheviques, quienes, sin embargo, nunca pensaron en la dirección que su hechura había de tomar. La facción menchevique predominaba en los Soviets. Los mencheviques de filas fueron arrastrados por los acontecimientos revolucionarios; los dirigentes cavilaban perplejos sobre la súbita oscilación a la izquierda de su propia facción. El Comité de San Petersburgo de los bolcheviques se asustó al principio ante la innovación de una representación neutral de las masas en armas, y nada pudo encontrar mejor que ofrecer al Soviet su ultimátum: adoptar inmediatamente un programa socialdemócrata o disolverse. El Soviet de San Petersburgo en su totalidad incluso el contingente de obreros bolcheviques, acogieron este ultimátum sin inmutarse y no hicieron caso de él. Sólo después de llegar Lenin en noviembre se produjo un cambio radical en la política de los «hombres de Comité» hacia el Soviet. Pero el ultimátum había causado estragos al debilitar decididamente la posición de los bolcheviques. En aquel trance, como en los demás, las provincias siguieron el ejemplo de la capital. Por aquel tiempo, las profundas diferencias de criterio al estimar la importancia histórica de los Soviets había comenzado ya. Los mencheviques trataban de evaluar el Soviet simplemente como una forma fortuita de representación obrera: un «parlamento proletario», un «órgano de autonomía revolucionaria», etc. Todo aquello era sumamente vago. Lenin, por el contrario, sabía escuchar atentamente a las masas de San Petersburgo que llamaban al Soviet «el Gobierno proletario», y al punto dio su verdadero valor a aquella nueva forma de organización, considerándola la palanca de la lucha por el Poder.