Stalin
Stalin El difunto Leónidas Krassin, viejo revolucionario, eminente ingeniero, brillante diplomático del Soviet, y sobre todo, criatura inteligente, fue quien primero llamó a Stalin «asiático». Al decir esto no pensaba en atributos raciales problemáticos, sino más bien en esa aleación de entereza, sagacidad, astucia y crueldad que se ha considerado característica de los hombres de Estado de Asia. Bujarin simplificó seguidamente el apelativo, llamando a Stalin «Gengis Kan», sin duda con objeto de llamar la atención sobre su crueldad, que se ha trocado en brutalidad. El mismo Stalin, conversando con un periodista japonés, se denominó «asiático», no sólo en el sentido antiguo del vocablo, sino también en el moderno; con aquella alusión personal se proponía aludir a la existencia de intereses comunes entre la URSS y el Japón frente al Oeste imperialista. Examinando el término «asiático» desde un punto de vista científico, hemos de admitir que en este caso sólo es correcto en parte. Geográficamente, el Cáucaso, especialmente Transcaucasia, es sin duda una continuación de Asia. Los georgianos, sin embargo, a diferencia de los azerbaijanos, pertenecen a la raza llamada mediterráneo-europea. De suerte que Stalin no estaba en lo cierto al calificarse de «asiático». Pero la geografía, la etnografía y la antropología no son todo lo que cuenta; la historia predomina.