Stalin
Stalin La difunta fue enterrada según todas las regias del rito ortodoxo. Sus parientes insistieron en ello, y Koba no se opuso. «Cuando el modesto cortejo llegó a la puerta del cementerio —refiere Iremashvili—, Koba me apretó fuertemente la mano, y señalando el féretro, dijo: «Soso, esa criatura ablandó mi corazón de piedra; al morir, se lleva con ella todo el afecto que aún sentía por mis semejantes.» Y, poniéndose la mano derecha, sobre el pecho, añadió: «¡Está todo tan vacío, tan inexplicablemente vacío aquí dentro!» Estas palabras pueden sonar a teatralmente patéticas e inhumanas pero no es improbable que sean ciertas, no sólo por referirse a un hombre joven abrumado por su primer pesar sincero, sino también porque en ocasiones futuras hemos de encontrar de nuevo en Stalin la misma propensión al énfasis forzado, rasgo no raro en personas de carácter rudo. La torpeza de estilo con que expresa sus sentimientos, procedía de sus prácticas de homiléctica en el Seminario.