Stalin

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La designación de Koba como delegado meramente consultivo fue acompañada de un incidente no exento de mordacidad. Cuando tocó a Lenin el turno de presidir el Congreso, propuso que se adoptara sin discusión un acuerdo de la Comisión de credenciales recomendando conceder participación deliberante a cuatro delegados, entre ellos a Ivanovich. El infatigable Martov vociferó desde su sitio: «Quisiera saber a quién se concede voz deliberante. Quiénes son esos hombres, de dónde vienen, etc.» A lo que respondió Lenin: »Ciertamente no lo sé, pero el Congreso puede confiar en la opinión unánime del Comité de Credenciales.» Es muy posible que Martov tuviera alguna información secreta respecto a la índole específica del historial de Ivanovich, ya hablaremos de esto con más detalle, y que por esto precisamente Lenin se apresurara a cortar la ominosa alusión refiriéndose a la unanimidad de la Comisión de credenciales. En todo caso, Martov juzgó oportuno referirse a «esos hombres» como si no fueran nadie: «Quiénes son, de dónde vienen, etc.», mientras que Lenin, por su parte, no sólo no hizo objeciones a tal caracterización, sino que la confirmó. En 1907, Stalin era aún totalmente desconocido, no sólo del Partido en general, sino, incluso, de los trescientos delegados del Congreso. El acuerdo del Comité de admisión fue adoptado con la abstención de un buen número de delegados.


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