Stalin
Stalin De gran importancia en los sangrientos choques de los terroristas con la policía era la cuestión de dinero, nervio de toda guerra, incluso civil. Antes del manifiesto constitucional de 1905, el movimiento revolucionario estaba sostenido principalmente por la burguesía liberal y los intelectuales radicales. Eso sucedía así también en el caso de los bolcheviques, a quienes la oposición liberal juzgaba simplemente como demócratas revolucionarios algo más osados. Pero cuando la burguesía puso sus esperanzas en la futura Duma, comenzó a mirar a los revolucionarios como un obstáculo a sus afanes de avenirse con la monarquía. Aquel cambio de actitud asestó un potente golpe a los fondos de la revolución. Los cierres de fábricas y el paro interrumpieron la aportación de dinero a los trabajadores. Entretanto, las organizaciones revolucionarias habían desarrollado grandes máquinas políticas con sus propias imprentas, editoriales, cuadros de agitadores y, por último, destacamentos de choque en constante penuria de armamento. En tales circunstancias, no había manera de seguir sufragando los gastos de la revolución como no fuera procurándose fondos a viva fuerza. La iniciativa, como casi siempre, vino de abajo. Las primeras expropiaciones se desenvolvieron más bien pacíficamente, a menudo con una tácita inteligencia entre los «expropiadores» y los empleados de las instituciones expropiadas. Así está la historia de los empleados de la Compañía de Seguros «Nadezhda» (Esperanza) animando a los vacilantes expropiadores con las palabras: «¡No os apuréis, camaradas!» Pero este idílico período no duró mucho. Tras la burguesía, los intelectuales, incluso los empleados bancarios, se apartaron de la revolución. Aumentaban las bajas por ambos lados. Faltas de apoyo y simpatía, las «organizaciones combatientes» se desvanecieron pronto como el humo o se disgregaron con la misma rapidez.