Stalin

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Las memorias de bolcheviques escritas antes de la era totalitaria dan el primer puesto en la organización de Bakú no a Koba, sino a Sha'umyan17 y a Dzhaparidze18, dos revolucionarios excepcionales muertos por los ingleses durante la ocupación de Transcaucasia por ellos, el 20 de setiembre de 1918. «De los viejos camaradas de Bakú —dice Karimpan, biógrafo de Sha'umyan—, los camaradas A. Yenukidze, Koba (Stalin), Timofei (Spandaryan), Alyosha (Dihaparidze) eran entonces activistas. La organización bolchevique... tenía una amplia base de trabajo en el Sindicato de los trabajadores de la industria petrolífera. El verdadero organizador y secretario de todo el trabajo de Sindicato era Alyosha (Dzhaparidze)»; Yenukidze se menciona delante de Koba; el papel principal se asigna a Dzhaparidze. Más adelante: «Ambos (Sha'umyan y Dzhaparidze) eran los dirigentes más queridos del proletariado de Bakú.» Aún no se le había ocurrido a Karimyan, que escribía esto en 1924, nombrar a Koba entre «los dirigentes más queridos». El bolchevique Stopani, de Bakú, nos cuenta cómo le llegó a absorber en 1907 el trabajo de Sindicato, «la tarea más candente para el Bakú de aquellos días». El Sindicato estaba dirigido por los bolcheviques. En él «desempeñaba prominente papel el insustituible Alyosha (Dzhaparidze), y algo menor el camarada Koba (Djugashvili), quien dedicaba el máximo esfuerzo sobre todo al trabajo de partido, que le estaba confiado...». Stopani no especifica en qué consistía este «trabajo de partido», aparte de «la tarea más candente» de dirigirlos Sindicatos. Pero hace una observación casual muy interesante relativa a disensiones entre los bolcheviques de Bakú. Todos ellos convenían en la necesidad de «consolidar» de un modo organizado la influencia del Partido en los Sindicatos, pero en cuanto «al grado y a la forma de aquella consolidación había también discordia entre nosotros mismos: teníamos nuestra propia «izquierda» (Koba —Stalin) y “derecha” (Alyosha-Dzhaparidze y otros, incluyéndome yo); las divergencias no versaban sobre cuestiones fundamentales, sino sobre táctica o métodos de establecer aquel contacto». Las palabras de Stopani, deliberadamente vagas (Stalin era ya entonces muy poderoso) nos permiten imaginar sin posible error la disposición real de las figuras. Por la oleada tardía del movimiento huelguístico, el Sindicato había adquirido una importancia primordial. Los dirigentes del mismo resultaron ser, naturalmente, aquellos que sabían hablar a las masas y guiarlas: Dzhaparidze y Sha'umyan. Relegado de nuevo a segundo término, Koba se atrincheró en el Comité clandestino. La lucha del Partido por asegurarse creciente influencia dentro del Sindicato, significaba para Koba que los dirigentes de las masas, Dzhaparidze y, Sha'umyan, habían de someterse a su predominio. En la contienda por esta especie de «consolidación» de su propio poder personal, Koba, según se desprende claramente de las palabras de Stopani, levantó contra sí a todos los dirigentes bolcheviques. La actividad de las masas no era favorable a los planes del intrigante solapado.


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