Stalin
Stalin Una cuidadosa confrontación de las dos cartas de Stalin, que su autor nunca imaginó expuestas a cotejo, es sumamente valiosa para ahondar en su carácter y en sus métodos. Su actitud real en cuanto a «principios» se expresa con mucha más veracidad en la segunda carta: «trabajar; el resto vendrá por sí mismo». Esencialmente, tal era la actitud de más de un Conciliador no superdotado. Stalin recurría a las expresiones crudamente desdeñosas al referirse a la «emigración», no sólo porque la rudeza es una parte integrante de su naturaleza, sino ante todo por que contaba con la simpatía de los prácticos, especialmente de Germanov. Conocía bien cómo era éste por Golubev, que acababa de ser deportado desde Moscú. Las actividades en Rusia iban bastante mal, la organización ilegal había declinado hasta lo ínfimo, y los prácticos estaban muy propicios a cargarlo todo sobre los emigrados por armar tanto ruido sin motivos serios.