Stalin
Stalin La capa inferior de la pequeña burguesía no conoce más que dos carreras para sus hijos únicos o inteligentes: empleado público o clérigo. La madre de Hitler soñaba con la carrera eclesiástica de su hijo. La misma grata esperanza acariciaba Ekaterina Djugashvili diez años antes, y aun dentro de un medio más humilde. El sueño mismo (ver a su hijo envuelto en ropas talares) muestra casualmente lo poco impregnada que la familia del zapatero Bezo estaba de «espíritu proletario». Se concebía un futuro mejor, no a consecuencia de la lucha de clases, sino como resultado de romper con la propia clase.
El clero ortodoxo, a pesar de su modesta categoría social y su bajo nivel cultural, pertenecía a la jerarquía de los privilegiados por estar libre del servicio militar obligatorio, del impuesto capital y... del látigo. Sólo la abolición de la servidumbre dio acceso a los campesinos a las filas del clero, privilegio condicionado, no obstante, por una limitación gubernativa: para ser promovido a un empleo eclesiástico, un hijo de campesino necesitaba la especial dispensa del gobernador.