Stalin
Stalin El internacionalismo revolucionario halló su expresión acabada en los puntos de la pluma del «emigrado» Lenin. El palenque de un solo país, y además, de la atrasada Rusia, era demasiado limitado para permitir la evaluación justa de una perspectiva mundial. Así como el emigrado Marx tuvo necesidad de Londres, que en su tiempo era el centro del capitalismo, para integrar la filosofía alemana y la Revolución Francesa con la economía inglesa, también Lenin, durante el transcurso de la guerra, hubo de estar en el punto focal de los acontecimientos europeos y mundiales, con el fin de deducir las conclusiones revolucionarias decisivas de las premisas del marxismo. Manuilsky, el dirigente oficial de la Internacional Comunista después de Bujarin y antes de Dimitrov, escribía en 1922: »Sotsial-Democrat (El Socialdemócrata), publicado en Suiza por Lenin y Zinoviev, y el Golps (La Voz) de París y Noshe Stovo (Nuestro Pueblo), publicado por Trotsky, serán para el futuro historiador de la III Internacional los fragmentos básicos de los cuales se forjó la nueva ideología revolucionaria del proletariado internacional.» Se admite gustosamente que Manuilsky exageraba el papel de Trotsky. Sin embargo, no tuvo ni siquiera un pretexto para nombrar a Stalin. Pero luego, diez años más tarde, haría lo imposible por rectificar semejante omisión.