Stalin

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Con el certificado de buena conducta en la escuela de Gori en su cartera, José se encontró a los quince años por vez primera, en otoño de 1894, en la gran ciudad, que no podía menos de confundir su imaginación, Tiflis, la antigua capital de los reyes de Georgia. No es exagerado decir que la ciudad, entre asiática y europea, dejó en el joven José una huella que perduró el resto de su vida. En el curso de su historia de casi mil quinientos años, Tiflis cayó varias veces en manos de sus enemigos, fue demolida quince veces, y en varias ocasiones arrasada hasta sus cimientos mismos. Los árabes, los turcos y los persas, que penetraron en ella a pura fuerza, dejaron profunda impresión en la arquitectura y las costumbres del pueblo, y las trazas de aquella influencia han persistido hasta hoy. Se levantaron barrios europeos después de conquistar Georgia los rusos, convirtiéndose la antigua capital en sede provincial y centro administrativo de la región transcaucásica. Tiflis contaba con más de 150.000 habitantes el año en que José ingresó en el Seminario. Los rusos, la cuarta parte de esa cifra, eran disidentes religiosos desterrados, muy numerosos en Transcaucasia, o funcionarios militares y civiles. El comercio y la industria estaban concentrados en manos de los armenios, que desde antiguo constituían el sector más numeroso (38 por 100) y el más próspero de la población. Los georgianos, relacionados con las aldeas, y que, como los rusos, sumaban la cuarta parte del vecindario aproximadamente, formaban la capa inferior de artesanos, traficantes y funcionarios civiles y militares subalternos. «Junto a calles que ofrecen un carácter europeo contemporáneo... —consigna una descripción de la ciudad publicada en 1901—, se cobija un laberinto de callejuelas angostas, tortuosas y sucias, puramente asiáticas, como las plazuelas y bazares, encuadrados por tenderetes abiertos de tipo occidental, puestos, cafés, barberías y repletos de una bulliciosa multitud de faquines, aguadores, recaderos, jinetes, reatas de mulas y asnos de carga, caravanas de camellos, etcétera.» La falta de alcantarillado, la insuficiencia de agua, los estíos tórridos, el cáustico y porfiado polvo de las calles, el alumbrado de petróleo en el centro de la ciudad y la ausencia de faroles en todas las calles periféricas..., tales eran las características del centro administrativo y cultural de Transcaucasia al cambiar el siglo.


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