Stalin

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El día en que se inauguró la Conferencia democrática (el más necio de todos los seudo-parlamentos de la democracia), Lenin escribió al Comité Central del Partido sus famosas cartas Los bolcheviques deben tomar el Poder y El marxismo y la insurrección. Esta vez pedía que se actuara inmediatamente: sublevación de regimientos y fábricas, detención del Gobierno y de la Conferencia democrática, e incautación del Poder. Naturalmente, el plan no podía llevarse a efecto aquel mismo día; pero orientó el pensamiento y la actividad del Comité Central hacia nuevos rumbos. Kamenev insistió en que se rechazara categóricamente la proposición de Lenin... ¡por desastrosa! Temiendo que estas cartas pudieran circular por el Partido lo mismo que en el Comité Central, Kamenev consiguió reunir seis votos en favor de que se destruyeran todos los ejemplares, salvo el destinado a los archivos. Stalin propuso «enviar las cartas a las más importantes organizaciones y sugerir que se discutieran». El comentario más moderno pone de relieve que la finalidad de la proposición de Stalin era «organizar la influencia de los Comités locales del Partido sobre el Comité Central y que le apremiaran a realizar las directivas de Lenin». De haber sido esto cierto, Stalin se hubiera pronunciado desde un principio en pro de las instrucciones de Lenin, oponiéndose a la propuesta de Kamenev. Pero aquello estaba lejos de su pensamiento. La mayoría de los hombres de Comité en provincias eran más derechistas que el Comité Central. Enviarles las cartas de Lenin sin el aval del Comité Central era tanto como expresar la disconformidad de éste con ella. La proposición de Stalin se hizo para ganar tiempo, y, en caso de conflicto, asegurarse la posibilidad de alegar que los Comités locales estaban indecisos. El Comité Central quedó paralizado por efecto de las vacilaciones. Se decidió diferir el asunto de las cartas de Lenin para la próxima sesión. Lenin estaba esperando la respuesta con febril impaciencia. Pero Stalin ni siquiera se presentó en la siguiente sesión, que no se celebró hasta cinco días después, y el asunto de las cartas tampoco figuraba en el orden del día. Cuanto más calor hay en la atmósfera, más fríos son los manejos de Stalin.


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