Stalin
Stalin AsÃ, en varios números, dedicó su atención al Este. Ésta fue una idea directriz de Lenin. Puede seguirse en varios de sus artÃculos y discursos. Indudablemente, el interés de Stalin por el Este revestÃa en gran medida carácter personal. Él mismo era natural del Este. Si ante representantes del Oeste, desconocedor como era de la vida occidental y de sus lenguas, se encontraba siempre apurado, con representantes de las naciones atrasadas del Este, cuya suerte dependÃa en considerable proporción de él en calidad de comisario, se hallaba incomparablemente más a gusto y pisaba terreno más firme. La idea básica era de Lenin. Pero en Lenin, las perspectivas del Este y del Oeste estaban Ãntimamente trabadas. En primer plano, en 1918, estaban los problemas de Occidente, no de Oriente; la guerra se hallaba a punto de terminar, habÃa motines en todos los paÃses, revoluciones en Alemania y Austria-HungrÃa y en otras partes. Por ejemplo, el artÃculo de Stalin titulado No hay que olvidar el Este apareció en el número de 24 de noviembre de 1918, esto es, coincidiendo con la revolución en Austria-HungrÃa y en Alemania. Todos nosotros habÃamos mirado estas revoluciones como precursoras de las revoluciones socialistas de Europa. Y entonces escribÃa Stalin que «sin el movimiento revolucionario en el Este, es inútil pensar en el triunfo final del socialismo»; en otras palabras, Stalin consideraba el triunfo del socialismo imposible, no sólo en Rusia, sino en Europa, sin el despertar revolucionario del Este. Aquello era una repetición de la idea directriz de Lenin; pero en esa repetición habÃa una división, no sólo de trabajo, sino también de intereses: Stalin no tenÃa absolutamente nada que decir con referencia a las revoluciones del Oeste. No conocÃa Alemania, su vida ni su lengua, y otros escribÃan sobre ello con mucho más conocimiento de causa. Stalin se encontraba sobre el Este.