Stalin
Stalin «En aquel difícil período, 1918-1920 —escriben dos historiadores de ahora—, el camarada Stalin era trasladado de un frente a otro, a los sitios de más riesgo para la Revolución.» En 1922, el comisario popular de Educación publicó una Antología de cinco años, compuesta de quince artículos, entre ellos uno titulado «Organizando el Ejército Rojo», y otro sobre «Dos años en Ucrania», ambos relativos a la guerra civil. No hay una sola palabra de Stalin en ninguno de los dos artículos. Al año siguiente se publicó una antología en dos volúmenes con el título de La Guerra Civil. Consistía en documentos y otro material referente a la historia del Ejército Rojo. En aquel tiempo nadie estaba interesado en dar a una antología así carácter tendencioso. En toda ella no hay una palabra sobre Stalin. El mismo año 1923, el Comité Ejecutivo Central del Soviet publicó un volumen de 400 páginas titulado Cultura Soviética. En la sección dedicada al Ejército hay numerosos retratos bajo el epígrafe «Los creadores del Ejército Rojo». No figura Stalin entre ellos. En la sección denominada «Las fuerzas Armadas de la Revolución durante los primeros siete años de Octubre»39, no se menciona siquiera el nombre de Stalin. Y, sin embargo, en dicha sección, además de mi fotografía, figuran las de Budienny y Blücher e incluso de Vorochilov, y entre los jefes de la guerra civil que allí se nombran no sólo están Antonov-Ovsenko, Bybenko, Yegorov, Tujachevski, Uborevich, Putna, Sharangovich, sino muchos otros, casi todos los cuales han sido acusados más tarde de enemigos del pueblo y fusilados. De los [mencionados, sólo] dos (Frunze y S. Kamenev) murieron de muerte natural [sin duda por haber acertado a morirse antes de la gran depuración]. Y aún flota una nube sobre las circunstancias de la muerte de Frunze. Entre los mencionados en este volumen, en concepto de comandante de las flotas del Báltico y del Caspio durante la guerra civil, está Raskolnikov (quien se negó a volver a la Unión Soviética al ser llamado cuando desempeñaba el cargo de ministro de los Soviets en Bulgaria en 1938, en los momentos en que la depuración de Stalin recaía sobre el Cuerpo diplomático. Después de escribir una carta abierta acusando a Stalin, murió repentinamente en circunstancias misteriosas, al parecer envenenado).