Stalin
Stalin Aquellos que habÃan recibido instrucción militar estaban cansados de luchar en las trincheras, y para ellos la Revolución significaba la liberación de la guerra. No era cosa fácil movilizarlos de nuevo para otra guerra. Más fácil resultaba atraer a los mozalbetes que nada sabÃan de combates; pero habÃa que instruirlos, y el número de nuestros propios oficiales, relacionados de un modo u otro con el Partido y de absoluta confianza, era insignificante; por eso desempeñaron en el Ejército un grandioso papel polÃtico. Pero su visión militar era miope. Cuando su capacidad resultaba insuficiente, solÃan usar sin prudencia de su autoridad revolucionaria y polÃtica, estorbando asà la tarea de constituir el Ejército. El mismo Partido, que nueve meses antes habÃa surgido de la clandestinidad zarista y pocos meses después se vio sometido a la persecución del Gobierno provisional, encontraba difÃcil, después de la brillante victoria de octubre, ajustarse a la idea de que aún quedaba por delante la guerra civil. En suma, eran casi insuperables las dificultades que se oponÃan a la creación del Ejército Rojo. A veces parecÃa que las discusiones fueran a consumir toda la energÃa aplicada. ¿Seremos o no capaces de crear un Ejército? La suerte de la Revolución se ventilaba en tal pregunta.