Stalin
Stalin La pedantería y los lugares comunes no eran extraños. Recurríamos a todo género de combinaciones y experimentos en nuestra marcha hacia el éxito. Mandaba un ejército un antiguo suboficial, con un general al frente del Estado Mayor. Otro ejército estaba a las órdenes de un antiguo general, y su lugarteniente era un guerrillero. Un antiguo soldado raso era jefe de división y la de al lado tenía a la cabeza a un coronel de Estado Mayor. Este «eclecticismo» venía impuesto por las circunstancias. Sin embargo, la proporción considerable de oficiales instruidos ejercía una influencia sobremanera favorable en el nivel general del mando. Los comandantes legos aprendían sobre la marcha, y muchos de ellos se convirtieron en excelentes oficiales. En 1918, un 76 por 100 de todo el mando y administración del Ejército Rojo consistía en antiguos oficiales del Ejército zarista, y sólo el 12,8 por 100 eran novatos comandantes rojos, que, naturalmente, ocupaban los puestos de segunda fila. Al final de la guerra civil, los cuadros de comandantes estaban integrados por trabajadores y campesinos sin otra instrucción militar que la experiencia directa de la guerra, que los había promovido desde simples soldados en el curso de la lucha civil; antiguos soldados y suboficiales del Ejército imperial; jóvenes comandantes que habían hecho un brevísimo curso de estudios en las Escuelas militares del Soviet; y, finalmente, oficiales diplomados y reservistas del Ejército del zar. Más del 43 por 100 de los comandantes no tenían instrucción militar; 13 por 100 eran antiguos suboficiales; 10 por 100 habían pasado por los cursos de la Escuela Militar soviética, y 34 por 100 eran oficiales del Ejército zarista.