Stalin
Stalin Entre los oficiales había muchos, quizá la gran mayoría, que no sabían ellos mismos el terreno que pisaban. Los reaccionarios declarados habían huido al principio, los más activos hacia la periferia, donde se estaban organizando los frentes blancos. Los restantes vacilaron, se tomaron tiempo, no se resolvieron a abandonar a sus familias, ni sabían qué iba a ser de ellas, y por inercia se encontraron en los aparatos de mando o de administración del Ejército Rojo. La conducta ulterior de muchos de ellos derivó del trato de que se les hizo objeto. Los comisarios prudentes, enérgicos y hábiles (que eran los menos), se ganaron a los oficiales en seguida y éstos que por la fuerza de la costumbre, los habían mirado con desdén, se vieron sorprendidos por su decisión, arrojo y firmeza política. Tales uniones entre comandantes y comisarios solían durar largo tiempo, y se distinguían por una gran estabilidad. Cuando el comisario era ignorante y tosco y hostigaba al especialista militar, comprometiéndole sin miramiento ante los soldados del Ejército Rojo, no había que pensar en amistad, y el oficial, vacilante, acababa por inclinarse hacia el enemigo del nuevo régimen.